¿Por qué la gente blanca/mestiza siempre le exige humildad a las personas negras cuando estas son exitosas?
¿Por qué la gente blanca/mestiza siempre le exige humildad a las personas negras cuando estas son exitosas?
Por: Jonh Jak Becerra
Entré a Facebook, y el algoritmo me sugirió un reel del reality musical de Caracol TV, La Descarga. En el video, observé cómo varios participantes blancos y mestizos exigían humildad a un hombre negro, Ferry Valencia, oriundo de Jamundí, Valle del Cauca. Ferry es un talentoso cantante de salsa que ha deslumbrado tanto al público como al jurado. Sin embargo, la fragilidad blanca no tardó en reaccionar: «Es que a Ferry le falta humildad».
¿Dónde he escuchado eso antes? Ah, claro, con el futbolista Jhon Durán, otro hombre negro cuyo talento ha sido cuestionado bajo la misma excusa. Este patrón no es casualidad; está profundamente enraizado en el racismo sistémico que permea nuestras sociedades. Y si alguien intenta argumentar que «no todo es racismo antinegro», permíteme decirte: sí lo es. Todo está atravesado por un sistema de opresión racista que perpetúa la subordinación de las personas negras.
La exigencia de humildad no es un simple comentario; es una herramienta de control racial. Cuando las personas negras alcanzan el éxito, se les demanda una sumisión desproporcionada, como si su triunfo debiera ser recibido con vergüenza o gratitud hacia un sistema que, en realidad, les ha negado sistemáticamente las oportunidades. Mientras tanto, a las personas blancas/mestizas no se les impone el mismo estándar. Pueden celebrar abiertamente sus logros sin ser tildadas de arrogantes. Este doble rasero revela una inquietud más profunda: la blanquitud siente su privilegio amenazado cuando las personas negras sobresalimos.
Desde la época colonial, las estructuras de poder blancas se han sostenido a través de la deshumanización de los pueblos negros, afrodescendientes. Como lo argumenta Walter Rodney, el colonialismo no solo saqueó los recursos de África, sino que construyó ideologías para justificar la explotación y la inferiorización de las personas negras. En este contexto, la exigencia de humildad no es más que un eco moderno de esas estrategias coloniales: una forma de negar nuestra autonomía y reducir nuestros logros a meras casualidades o a un supuesto «permiso» del sistema.
El privilegio blanco y
la narrativa de la subordinación
El privilegio blanco no es únicamente el acceso a recursos o mejores oportunidades; es también el derecho no declarado a juzgar y dictar cómo las personas negras deben comportarse, incluso en su éxito. Si una persona negra adopta una actitud sumisa y evita desafiar las jerarquías raciales, entonces se le acepta y se le enaltece… pero siempre y cuando «sepa su lugar». En cambio, si muestra confianza en sus capacidades, se le tacha de arrogante y «falto de humildad».
Esta narrativa no es accidental; está diseñada para mantener el status quo. Al exigirnos humildad, se nos recuerda que debemos permanecer subordinados, que nuestro éxito no debe cuestionar la supremacía de la blanquitud. Es un mecanismo de control que busca asegurar que la narrativa colonial de superioridad blanca siga intacta.
Conclusión
La exigencia de humildad hacia las personas negras es una manifestación del racismo sistémico y una forma de negar el reconocimiento que merecen por sus logros. Es una herencia directa de las dinámicas coloniales que, como señala Rodney, continúan moldeando las relaciones de poder entre razas y regiones del mundo.
Romper con estos
estereotipos no es solo un acto de justicia histórica, sino una forma de
desafiar el sistema racista que nos atraviesa. Reconocer nuestros triunfos con
orgullo es resistir. Y cada vez que nos exijan humildad, debemos preguntarnos:
¿humildad para qué y para quién?
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